Hommage à la Lune

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Space compositions, par Michael Yevzlin A Pierre Garnier, dont la poésie spatiale inspire cet œuvre   Anuncios

Ángel con alas

Dioses, Héroes y ninfas en la mitología arcaica. Madrid, Ediciones del Hebreo Errante, 2019.

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Anotación de Michael Yevzlin
Este libro se ideó para ayudar a un hombre bueno, Ángel Martínez Espín. El libro comienza con un poema de otro hombre bueno, Pierre Garnier, gran poeta de Picardía, muerto hace algunos años. Este poema trata sobre los pájaros y la eternidad de la vida: Los pájaros cantan la eternidad.
El libro termina con un poema de la última gran poeta de San Petersburgo, Elena Shvarts, desaparecida hace también unos años. Son dos grandes poetas muertos casi contemporáneamente. Los otros textos hablan de los antiguos mitos griegos, y siempre, de la eternidad.

Historia de Ángel
Conocimos a Ángel en la primavera de 2016, en los largos, larguísimos corredores del hospital de Cantoblanco. Primero de lejos, cubierto con una gorra y una manta, en silla de ruedas, siempre rodeado de un enjambre de amigos. Luego de cerca, en el pequeño gimnasio, donde con ayuda de Darío, hizo músculo para volver a andar y a vivir después de una cuádruple amputación. Dos piernas, un brazo y cuatro dedos, a cambio de dos alas, las que estuvieron siempre detrás de él, las de María.


La historia de este libro es la historia de una promesa, la historia de una recuperación. La de Ángel y la del Hebreo Errante, resurgiendo, página a página, de las aguas del río Leteo para volver a la vida y para cantar el valor de las cosas eternas.

Navidad 2018

José: Tranquilos, que yo me encargo,
tranquilos, que yo os protejo,
busco el borrico, la paja,
miro la ruta en el mapa
y recibo al forastero.

María: Tranquilo que yo te cuido,
tranquilo, que te alimento,
(pero habrá que agasajar
a estos reyes extranjeros…)

Melchor: tranquilos, que sé de estrellas.
Gaspar: yo de visados entiendo.
Baltasar: María, no se molesten,
lo primero es lo primero.

Niño: aunque soy el más pequeño
estoy en el mismo centro
cuidando todos de todos
Amor ya estoy repartiendo.

Milagrosa Romero Samper

Desafectos y Comprometidos. Black Mirror en Bolonia.

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Estaba yo inmersa en mis investigaciones históricas, que progresaban a una velocidad de vértigo gracias a las nuevas tecnologías. Revisaba las listas de procesados por desafección y derrotismo en la España del Frente Popular, escudriñando nombres y apellidos en busca … Sigue leyendo

Comienzo de curso

Anonimous, Campus Trilogy, Exeter, Impress Books, 2010, p. 15

Una provocativa estudiante de segundo procedente de otra universidad pretende el primer día de curso que un veterano profesor le convalide una asignatura sin examinarse, presentando un antiguo trabajo plagiado. El profesor se da cuenta, y la alumna pasa de la seducción a la amenaza. Las consecuencias para el profesor serán desastrosas.

La novela fue un best-seller en el Reino Unido hace unos años, aunque la autora no salió en principio a la luz. Tampoco ha sido nunca traducida al castellano. Ignoramos la razón.

(Anonymous, The Campus Trilogy, Exeter, Impress Books, 2010)

 

Evangelio de la abeja

Ilustración de Boris Konstriktor para El Evangelio de la abeja, de Elena Shvarts

Evangelio volador. De la abeja

Elena Shvarts

Soy una abeja salvaje de la triste Judea
Aplacaré mi sed
Con clavel medio marchito.
Lo busco por doquier en los campos.

Una vez siento el olor
Como de rosaleda tras la tormenta
Allá vuelo como una flecha, zumbando, y veo, ajá
Un hombre solo a la sombra de la parra

Masticando pan reseco.
Empiezo a volar alrededor
Buscando dónde hundirme,
y él me dice: “No me toques, morirás.

El apóstol de las abejas eres tú,
Me estás oyendo bien,
Percibo la rosa sobrenatural
Como si estuviera cerca realmente.
Para llegar a ella hay que atravesar la noche densa”.

Desde entonces donde va Él
También voy yo
Por la grave Galilea
Nadaba en la onda de la beatitud,
Tras de ella

Medio ciega, yo bebía
Sólo jugos de hierbas secas.
Después Lo perdí,
No sé cómo.

Regala el olvido
La amapola del desierto
Y he aquí que lo encuentro, en Jerusalén,
Donde yo, abeja de Dios

Entro volando en el jardincillo adormilado.
De golpe
Late en el corazón el aroma,
Me conduce el amor.
Y veo: gente mala, la cruz,

Y la sangre fragante que mana.
Áspera, me aferro a Él y ardo toda.
“Pícame, abeja, en el corazón
Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso”.

(Traducción de Milagrosa Romero Samper)

Comentario, por Michael Yevzlin

Las abejas acompañan a dioses y poetas. Esto es comprensible: después de todo el arte poética proviene de los dioses. Se cuenta de Píndaro que cuando “cazó en Helikon y se durmió por el gran cansancio”, los dioses le comunicaron su voluntad en sueños, y por eso volaron dentro del poeta que dormía.
Si evocamos las antiguas leyendas sobre las abejas, la poesía de Elena Shvarts adquiere una profundidad no alcanzada por ningún poeta que haya escrito sobre el tema. En el poema de Elena Shvarts la abeja salvaje, que porta en sí la sustancia de la muerte, el aguijón, se detiene ante el hombre que la libera del veneno ctonio que destruye todo lo existente. La miel de la muerte que producían las abejas se convierte en la fragante sangre de Dios, que transforma el aguijón en corazón: el corazón es atravesado por el aroma y entra en el corazón de Dios, para siempre.

comentario, por fontanka M.R.S.

Es primavera y las flores empiezan a brotar. En el clima cálido de Galilea, lo hacen antes, y su aroma se confunde con el olor pesado, reseco del estío. En este poema franciscano, sólo la naturaleza, un Hombre, y como en las pinturas flamencas, un minúsculo insecto, entre los que se establece un diálogo íntimo y una relación de amor (no hay verdadera intimidad ni diálogo sin amor, y viceversa), sobre las cosas más esenciales: la vida, la muerte. La abeja salvaje se convierte en apóstol cuando pasa de buscar el clavel marchito a percibir el aroma de las rosas bajo una parra polvorienta, en un jardín dormido, la fragancia de la sangre en una cruz rodeada de hombres malos. La rosa sobrenatural de la vida eterna sólo se alcanza tras la noche oscura. El amor traspasa como un aguijón a la abeja y al Crucificado y aquella tarde, en el calvario, la sangre se hace miel y la abeja roba el papel al buen ladrón y sube zumbando alegremente al paraíso.

Cristo de la Sangre, s. XIV, San Isidoro, Sevilla