Año nuevo

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No entiendo por qué la gente dice “vida de perros” Como perrillos de colas enroscadas y orejas en alerta Como canes de lenguas sonrosadas y patas saltarinas Así, olfateando árboles y esquinas con la alegre indiferencia de la vida Así … Sigue leyendo

Exposición sobre el Transfurismo en San Petersburgo

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Transfurism. San Petersburgo, Art-Center, Pushkinskaja ulica,10. Del 23 de diciembre de 2017 hasta el 21 de enero de 2018.  A tres años de la desaparición de Sergei Sigei (nombre artístico de Sergei Sigov) y de Rea Nikonova (Anna Tarshis), se acaba de … Sigue leyendo

Héroe desconocido

A Prometeo LXV

La lanza de Aquiles. Dibujo de Serge Segay

Volviste, cansado y herido,
de la guerra de Troya.
Alguna fuerza extraña te escupió
a una playa solitaria,
o a un risco pedregoso
siempre tocando el cielo
o queriendo más bien tocarlo.

Ninguna Circe te recibió
porque no eras suficientemente ilustre,
ningún poeta dijo al mundo
que aún estás vivo
y que conservas, oculta,
la lanza de Aquiles.

Milagrosa Romero Samper

Gogol en la Fontanka

Libro, estás vivo. Vienes del año 1922 y ahora, posado encima de la mesa, vuelves a respirar. Entra el aire del balcón y tus páginas aletean como una mariposa, y me hablan.

En una noche cálida de verano me hablan de una fría noche de Navidad, cuando el diablo roba la luna para vengarse de un herrero que ha pintado un icono un poco demasiado irreverente. Entre un cielo estrellado, cosacos aficionados al aguardiente, lindas muchachitas de trenzas negras y muchachos que cantan villancicos recogiendo chorizos y salchichones como aguinaldo, entre cabañas de madera separadas por extensiones de hielo crujiente, el diablo, el cosaco, la bruja, el herrero, el diácono van haciendo de las suyas, moviéndose con toda naturalidad entre el plano de la fantasía y el de la realidad.

Habla Gogol.

Mientras tanto, él se acercó con mucho sigilo a la Luna; y ya alargaba la mano para cogerla, cuando tuvo que retirarla rápidamente como si se hubiese quemado. Chupóse los dedos, sacudió un pie y corrió a intentar cogerla por otro lado; pero otra vez hubo de quemarse. No cejó, sin embargo, a pesar de la mala suerte que tuvo en sus intentonas, y volviendo de nuevo, la cogió de repente con ambas manos, y haciendo mohínes y soplando la pasó de una a otra, del mismo modo que hacen los mujiks con la brasa que sacan del fuego para encender la pipa. Por fin, con un gesto rápido se la metió en una bolsa que llevaba, y con toda naturalidad empezó a andar.

(Nicolás Gogol, Nochebuena. Traducción de Tatiana Enco de Valero. Madrid, Espasa-Calpe, 1922. Precio: 50 céntimos)

Libro, te he salvado. Libro, tú me has salvado. Gracias.