Noches blancas

21 de junio, biely nochi (noches blancas)

Érase un gato que se llamaba Abramcic
y dos chicas –fin de curso-
– “la vida es sueño” (Petia!)

Piotr Kazarnovsky, poeta y profesor de Literatura en San Petersburgo

Piotr Kazarnovsky, poeta y profesor de Literatura en San Petersburgo

la vida que se va
y la luz que sigue –con su melancolía-
la medianoche blanca
en el fundido en negro
mirándome a los ojos
yo no entiendo

pero ahora
espero que tú entiendas
y mires a este cielo
lo que queda
lo que sigue y permanece
aunque se oculte
ahí está y no nos dejará

aunque pensemos
que todo el trabajo
las noches y los días
y el frío y las risas
y los juegos
y la locura de los adolescentes
no volverán
nunca
nunca
saldrá el sol
de igual manera
ni saldrán
hojas nuevas en los árboles
ni se secarán
los charcos negros en la calle
ni cantarán
los pájaros de noche
ni importará
el vino que bebamos
ni que al brindar
nos miremos a los ojos
ni que los ojos rían
o estén desesperados
y se escondan
detrás de su mirada y de una broma

No-
no nos dejará la luz del día
como permanece la luz a medianoche
y nos abraza
con todo lo que vale
y no perdemos
más que lo que se va y no deja huella

y queda ahí, para siempre
lo que es
y nos hace ser
porque por fin sabemos
ver
en la noche
lo que importa
y lo que somos
detenidos en nuestra órbita
por ese algo tremendo
inevitable
que nos permite sin embargo
comprender el sentido.

 Milagrosa Romero Samper

Alice in Wonderland III

Petia me mira exageradamente a los ojos, tanto que se pone bizco y casi se choca con mi nariz. Petia (diminutivo de Piotr[1]) también es poeta, claro, y es extremadamente simpático. Brinda tanto conmigo y tontea tanto con Annia (una chica poeta de Moscú), que empiezo a preocuparme seriamente y miro a su mujer, Ludmila, buscando señales de alarma. Pero la charmante Ludmila que habla francés y por eso la han sentado a mi lado ni se inmuta y mira a Petia con una mezcla de ironía y dulzura.

 Ludmila

Después me lo explican. Petia aguanta mal el alcohol (Rusia, Rusia) y ha llegado ya con alguna copa de más, porque en realidad está bajo shock: esa misma mañana[2], cuando iba de excursión con los alumnos de último año del instituto donde él es profesor de literatura, un coche atropelló a dos de las chicas y una quedó muerta en el acto. No se podía quitar esa imagen de los ojos, y quizá por eso brindaba así, de pura desesperación.


[1] Piotr Kazarnovsky.

[2] Esto ocurrió el 21 de junio de 2012.

Alice in Wonderland II

A Nadiezda le gustan las flores y los bonitos colores (kharoshe, kharoshe). Si no se lo impidiera la artritis o lo que sea (el frío ruso metido hasta los huesos desde su infancia siberiana), se movería a velocidad de vértigo, a la misma velocidad de vértigo a la que habla y mueve las manos (y finalmente el abanico). Nadiezda y yo hemos inventado un particular lenguaje a base de inglés y alemán rudimentario en que Confucio equivale a confusio, y katastrofen tiene un lugar de honor, y nos entendemos perfectamente haciendo juegos de palabras absurdistas.

Nadiezda Tharsis, profesora en la Academia de Teatro y en el Instituto de Historia de las Artes, San Petersburgo (foto: mrsamper)

Nadiezda Tharsis, profesora en la Academia de Teatro y en el Instituto de Historia de las Artes, San Petersburgo (foto: mrsamper)

Nadiezda nos consigue entradas gratis para el teatro: siempre hay una explicación preliminar de los procedimientos especiales que hay que seguir para recogerlas: ir a la oficina del administrador (entrando a la derecha o a la izquierda, según se trate del Za Zerkalie o del Marinskii) y preguntar con una entonación especial y elevando la ceja derecha por los billetes reservados para “la familia Tharsis” (que es su apellido). Lo de la ceja levantada y la familia Tharsis, alargando mucho la A, es al parecer fundamental, y Misha tiene que ensayar varias veces hasta conseguir la entonación correcta para que le tomen por alguien de “la familia”. En lugar del Marinskii parece que se trata de ir a la ópera de Palermo…

La casa de Boris y Nadiezda se ilumina en las noches negras, y en las noches blancas todavía más. La mesa rusa se llena de mil platitos diferentes y las copas de cristal tallado de padre de Boris (que las pudo comprar porque con “pequeño defecto” o de segunda calidad salían más baratas)[1] se llenan una y otra vez de vino español, y cada vez hay que brindar, mirándose a los ojos.


[1] En la novela El Maestro y Margarita, de Bulgakov, se habla del esturión de “segunda calidad” o “segunda frescura”. Se supone que había hasta de tercera… naturalmente el de primera estaba reservado a la nomenklatura.

Alice in Wonderland I

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