Alice in Wonderland II

A Nadiezda le gustan las flores y los bonitos colores (kharoshe, kharoshe). Si no se lo impidiera la artritis o lo que sea (el frío ruso metido hasta los huesos desde su infancia siberiana), se movería a velocidad de vértigo, a la misma velocidad de vértigo a la que habla y mueve las manos (y finalmente el abanico). Nadiezda y yo hemos inventado un particular lenguaje a base de inglés y alemán rudimentario en que Confucio equivale a confusio, y katastrofen tiene un lugar de honor, y nos entendemos perfectamente haciendo juegos de palabras absurdistas.

Nadiezda Tharsis, profesora en la Academia de Teatro y en el Instituto de Historia de las Artes, San Petersburgo (foto: mrsamper)

Nadiezda Tharsis, profesora en la Academia de Teatro y en el Instituto de Historia de las Artes, San Petersburgo (foto: mrsamper)

Nadiezda nos consigue entradas gratis para el teatro: siempre hay una explicación preliminar de los procedimientos especiales que hay que seguir para recogerlas: ir a la oficina del administrador (entrando a la derecha o a la izquierda, según se trate del Za Zerkalie o del Marinskii) y preguntar con una entonación especial y elevando la ceja derecha por los billetes reservados para “la familia Tharsis” (que es su apellido). Lo de la ceja levantada y la familia Tharsis, alargando mucho la A, es al parecer fundamental, y Misha tiene que ensayar varias veces hasta conseguir la entonación correcta para que le tomen por alguien de “la familia”. En lugar del Marinskii parece que se trata de ir a la ópera de Palermo…

La casa de Boris y Nadiezda se ilumina en las noches negras, y en las noches blancas todavía más. La mesa rusa se llena de mil platitos diferentes y las copas de cristal tallado de padre de Boris (que las pudo comprar porque con “pequeño defecto” o de segunda calidad salían más baratas)[1] se llenan una y otra vez de vino español, y cada vez hay que brindar, mirándose a los ojos.


[1] En la novela El Maestro y Margarita, de Bulgakov, se habla del esturión de “segunda calidad” o “segunda frescura”. Se supone que había hasta de tercera… naturalmente el de primera estaba reservado a la nomenklatura.

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2 pensamientos en “Alice in Wonderland II

  1. Esta historia es entrañable. Me encanta que dos personas se comuniquen entre sí en dos idiomas “ajenas” y la descripción de la cena es tan buena que apetece estar allí probando los platos rusos y el vino español en las copas de cristal sacadas para la ocasión. Precioso la verdad…

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