La Aneca en la Lubianka (el síndrome de Bolonia, II)

LubiankaFaltaban pocas horas para que España perdiera justamente contra Chile. Caía el sol de la tarde a plomo sobre Madrid, como acompañando el ocaso del viejo monarca, porque en estos reinos hispánicos, de Felipe II a Alfonso XIII, y antes de que se le ocurriera a Luis XIV, siempre comulgó la monarquía con las tesis de Galileo, y el astro rey sirvió tanto para ilustrar la magnitud de los dominios, como para marcar la hora del abandono.

Me abandonaba yo a estas meditaciones dinásticas mientras entraba en un túnel de resonancia magnética. Por mantener el tono heroico, podría decir que en mi batalla de Lepanto con la Aneca había resultado mi mano un poco perjudicada (aunque salí vencedora), si no pareciera inmodestia compararme con Cervantes. En fin, el caso es que ya estaba yo metida en el tubo y empezando a comprender por qué lo llaman “resonancia”, porque efectivamente “resonaba” un “chunda-chún”, que combinado con un “taka-taka” me hacían dudar si habría ido a parar a un concierto techno en Glanstonbury, en Woodstock o simplemente en Benidorm. Me empecé a preguntar incluso si no habría entrado en el túnel del tiempo y habría ido a parar a la famosa “ruta del bakalao”, pero con el rabillo del ojo atisbé al simpático doctor y me tranquilicé… Muy amable, el doctor me tendió unos auriculares para amortiguar el ruido y, en efecto, apenas me los puse, el heavy metal se fue trasmutando en un ligero y frívolo fox-trot. ¡Alabada sea la casa Siemens (o la Philips, para el caso es lo mismo), fabricante del invento! –pensaba yo entusiasmada por los prodigios de la técnica. Volví a buscar con el rabillo del ojo al doctor, para agradecerle el detalle, cuando muy cerca de mí, al otro lado, percibí un fuerte olor a colonia masculina y, pensando que era él, me volví. Pero no. Cuál sería mi sorpresa cuando vi a un caballero de más que mediana edad, ciertamente algo grueso, calvo, con unos grandes bigotes engominados hacia arriba y unos inconfundibles botines blancos…

Monsieur Poirot trabajando de incógnito para la Aneca, momentos antes de descubrirse su verdadera personalidad

Monsieur Poirot trabajando de incógnito para la Aneca, momentos antes de descubrirse su verdadera personalidad

– Monsieur Poirot!
– Mademoiselle…
He de confesar que me sentí halagada y no le corregí-…
– Mademoiselle… enchanté
Era evidente que hacía el ademán de besarme la mano, pero como estaba metida dentro del tubo, como si fuera un bocadillo de jamón, era imposible.
Mundano y cortés a la vez que discreto y sagaz, Monsieur Hércules Poirot se hizo cargo de la situación, y aprovechando mi inmovilidad física y académica, se colocó el monóculo en el ojo y buscó algo dentro de su bolsillo:
– Usted me permitirá, ma chère et charmante mademoiselle…
– Faltaría más, Monsieur Poirot –dije yo asombrada de su gentileza, visto que mi charme en esos momentos no era visible más que en una pantalla de ordenador… pero se ve que lo único que asomaba del túnel (a saber, la nariz y los ojos) era más que suficiente para el viejo galán….
Entonces su mano enguantada blandió ante mi nariz una bolsita de plástico vacía:
Voilà!
Et alors? –respondí yo muy fina y mosqueada en francés, para estar a tono,
Pré-ci-sé-ment, ma chérie! ¿qué es lo que buscamos siempre en caso de crimen?
Les évidences! –contesté yo rauda, aunque pensaba: ¿crimen? pero ¿qué crimen?
Les É-VI-DEN-CES!!!! Très bien, mademoiselle…

Ya estaba yo un poco harta de jugar al ratón y al gato, pero me había visto enterita la serie de Poirot y sabía que pre-ci-sa-men-te una de sus tácticas era poner nerviosos a los sospechosos. Solo que yo no era sospechosa. ¿O sí? Algo de sagacidad se me había contagiado a mi también, porque noté que en su solapa, en lugar del acostumbrado broche de florecitas (algo un poco raro para un caballero, pero las modas cambian), llevaba una “V” de platino. Mis “pequeñas células grises” empezaron a trabajar: ¿V de la victoria en la guerra mundial? ¿V de Violette, algún amor secreto de juventud…?

– Pero Monsieur Poirot, sea el crimen que sea, que yo no sé cuál será porque como ve estoy aquí metida, je n’ai pas des évidences! NO TENGO EVIDENCIAS!!!
– Ajajá!!!!! Pré-ci-sé-ment !!!! por eso esta bolsita está vacía !!!!-Exclamó con aire triunfal- esta es la prueba de que usted no ha aportado EVIDENCIAS!

A estas alturas debo de confesar que mi simpatía por Hércules Poirot se estaba transformando en antipatía. Empezaba a resultarme francamente cargante, y más considerando que, embutida como estaba en aquel armatoste, no podía salir corriendo ni quitarme de encima su mirada monocular e impertinente.
De golpe empecé a sospechar: ¿y si se hubiera equivocado de caso? pero eso era prácticamente imposible… ¿y si Poirot no fuera quien aparentaba? ¿y si no fuera él?
De golpe, una de las ondas magnéticas debió conmocionar con fuerza mi cerebro: ¡La “V”!
– ¡VERIFICA! –exclamé, pasmada de la fácil solución al enigma.
Había desenmascarado a Poirot! en realidad, no era él, sino un agente de la Aneca, disfrazado para desempeñar mejor su cometido:

En exclusiva para nuestros lectores, el documento que prueba de manera irrefutable la conexión de Beria con la Aneca

En exclusiva para nuestros lectores, el documento que prueba de manera irrefutable la conexión de Beria con la Aneca

Pré-ci-sé-ment!! Tiene usted que aportar pruebas de su trabajo!!! Todo tiene que comprobarlo el Ministerio! Las listas de los alumnos! El material docente! Los modelos de exámenes! Los exámenes corregidos, uno por cada calificación! Los trabajos de los alumnos, ídem! Los tribunales! Los correos electrónicos avisando de cambios en el horario de clases o la programación! Los chats con sus colegas! Las servilletas de papel de la cafetería! Los huesos de las aceitunas!…

Y siguió enumerando evidencias y más evidencias, mientras la cara se le hinchaba más y más. En esas se le cayó el bigote y el monóculo y solté un grito de horror:

¡¡¡¡¡¡BERIA !!!!!!!

al tiempo que mi túnel se transformaba en el del metro de Moscú y veía ante mí la siguiente inscripción :

Лубянка (Lubianka)

La auténtica y genuina estación de metro de Lubianka. Obsérvese el escaso tráfico de pasajeros.

La auténtica y genuina estación de metro de Lubianka. Obsérvese el escaso tráfico de pasajeros.

Ahora lo comprendía todo: estaba en la famosísima sede de la Cheka, luego NKVD, GPU y por último KGB. Estaba en uno de los siniestros sótanos donde, después de torturar a los prisioneros, los liquidaban de un tiro en la sien. Así que todo había sido inútil… al final, los agentes de la Aneca, quiero decir de la GPU, me habían detectado. Mi victoria había sido aparente. Todo había terminado. Me resigné a mi final. No me dejarían siquiera morir heroicamente. Mi nombre sería borrado de todos los registros, y mi familia y mis amigos afirmarían que nunca existí como persona y que jamás me conocieron. Mis alumnos renegarían de mí. Sin evidencias, sin pruebas de mi paso por la tierra y por la universidad, simplemente no existía. La aniquilación absoluta. El cero y el infinito. El infinito…
En un esfuerzo supremo, recuperé la serenidad espiritual y me preparé para el trascendental momento. Entonces observé que no estaba sola. En el amplio sótano, formando un círculo contra la pared, e inmovilizados como yo, había varias docenas de profesores, unos conocidos y amigos, otros perfectos desconocidos. Uno por uno, Beria se dirigía a ellos agitando la bolsita de plástico. Había abandonado su máscara de gentileza francesa (pardon, belga) y gritaba groseramente:
– ¡Las evidencias! ¿dónde están las evidencias? ¡confiese!

La mano de Beria buscando evidencias no se detiene ante nada

La mano de Beria buscando evidencias no se detiene ante nada

Algunos profesores intentaban mantener como podían la dignidad y callaban. Otros balbuceaban, y sus protestas se mezclaban con súplicas, cada vez más débiles:
– ¡Pero si yo hice los sexenios…!
– ¿Y qué hago yo con las pruebas orales, las grabo?
– ¡Pero si ya no tengo sitio en los armarios!
– Es que mi Dropbox está a punto de reventar…!

Bill Gates presenta un avanzado sistema para la recopilación de evidencias, incompatible con Windows XP, 7 e incluso 8.

Bill Gates presenta un avanzado sistema para la recopilación de evidencias, incompatible con Windows XP, 7 e incluso 8.

– Excusas y nada más que excusas! -tronó Beria- no solo ustedes, sino todas sus titulaciones y universidades son culpables y por tanto, serán exterminados!

Las cabezas de los profesores, debidamente empaquetadas para su envío a Siberia, aguardan en el exterior de laNueva Tretiakov de Moscú

Las cabezas de los profesores, debidamente empaquetadas para su envío a Siberia, aguardan en el exterior de la Nueva Galería Tretiakov de Moscú

La sala estaba recorrida en toda su altura por una especie de palco. En un lugar destacado vi a la Pasionaria y a Margarita Nelken, montando una ametralladora en un trípode con forma de “V”. Antes las había visto recorrer el círculo detrás de Beria, con trajes de Zara y una tarjetita colgada al cuello que ponía “Directora de Calidad”. Siempre lo sospeché. Pero ahora ya no importaba nada. Era demasiado tarde. Cerré los ojos con fuerza y recé. Recé.

De golpe, silencio absoluto. ¿Estaría ya muerta?
Abrí los ojos y casi los tuve que cerrar de inmediato, deslumbrada. El sol de la mañana inundaba Madrid, y frente a mi balcón vi ondear una bandera republicana. Quizá en la Puerta de Alcalá colgara el retrato de Stalin, como en 1937.

Miré el reloj. El cortejo real debía de estar pasando en esos momentos por allí. ¿Pura casualidad?
No sé si serían las ondas magnéticas, mi paso por la Lubianka o el evento sucesorio, en aquel momento se me ocurrió un nuevo proyecto de investigación:
“Dictadura, Democracia, Leticracia: gestión pública de modelos educativos en procesos de transición dinástica. Mecanismos de control y persuasión mental para una política universitaria de calidad recopilatoria en entornos de insuficiencia intelectual. Nuevos retos y desafíos”…

Froilán recibe con gesto contrariado una llamada comunicándole que no ha recopilado las suficientes evidencias...

Froilán recibe con gesto contrariado una llamada comunicándole que no ha recopilado las suficientes evidencias…

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3 pensamientos en “La Aneca en la Lubianka (el síndrome de Bolonia, II)

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