Mirando a Paul Delvaux

Paul Delvaux. Paseo por el amor y la muerte. Museo Thyssen, 24-02/07-06 2015, Madrid.

Terraza, 1979

Terraza, 1979

Hay algo inquietante en la poesía pintada de Paul Delvaux, en sus figuras que se miran en el espejo, en los umbrales que no conducen a ninguna parte. No se trata, como reza el título de la exposición del Museo Thyssen, de un paseo por el amor, porque los cuerpos de sus mujeres son como estatuas ensimismadas y lejanas, ni por la muerte, aunque sus cuadros de esqueletos evoquen fachadas de iglesias medievales o fiestas mexicanas por igual. No hay erotismo porque no hay diálogo, aunque así se titule un cuadro en el que dos figuras miran en dirección distinta, y donde las columnas marcan una perspectiva engañosa y dislocada. Nada es lo que parece, ni siquiera lo que tú piensas lo percibo yo igual. Bajo la aparente serenidad del azul puro y de la pura geometría, todo se distorsiona en una perspectiva que no lleva a ninguna parte, salvo quizá, como los marcos de las puertas o los espejos, al interior de uno mismo.

Diálogo, 1974

Diálogo, 1974

Sus mitologías son extrañas porque no son mitológicas, no reproducen ningún mito concreto, aunque la atmósfera azul de sus cielos griegos y sus arquitecturas blancas, abiertas y sólo parcialmente habitadas en primer plano hagan intuir que algo va a pasar, que algo ha pasado ya, pero ¿qué? Sus figuras como esfinges parecen buscar en el espejo la respuesta, ambigua como las tiras de encaje que en cualquier momento pueden transformarse en serpiente.

Mujer en una cueva, 1936

Mujer en una cueva, 1936

Sus diosas descienden las gradas, despojándose hasta llegar desnudas, convertidas en sombras blancas, a una playa custodiada por un guerrero que extiende el brazo, señalando límites que no se pueden franquear ¿o sí? Su narrativa es tan impredecible como previsible es la soledad de sus personajes. Quizá de un único personaje, desdoblado en múltiples facetas. Y sus escenarios, nocturnos o diurnos, de una luminosidad abstracta, son impredecibles también. Ese ensimismamiento soñador y esa atmósfera misteriosa la lleva a su interpretación poética, irónica y misteriosa de los clásicos. ¿Qué hace una Venus con sombrero de Hans Baldung Grien en una estación de ferrocarril?

La edad de hierro, 1951

La edad de hierro, 1951

¿Por qué en la Anunciación el Ángel es una Virgen de espaldas, y qué pinta el coro de mujeres cretenses en lo alto de la escalera al lado de una Visitación revisteril?

La Anunciación, 1955

La Anunciación, 1955

Delvaux es más Piero della Francesca que nunca cuando su Virgen se abre como los arcos y las coristas cretenses con penachos del Folies Bergère (o de nuevo, sombreros de Grien) entonan su particular Magníficat sobre un fondo de árboles y campanarios flamencos.

Delvaux, Galería, 1970

Galería, 1970

Quizá esta historia sea más fácil de descifrar, pero ¿dónde conducen esas escalinatas, esos caminos, esas vías de tren? La ambigüedad de la pintura de Delvaux, más allá del surrealismo o la metafísica, es, sobre todo, poética.

Sombras, 1965

Sombras, 1965

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