Writing about Memory (o buscando en el baúl de los recuerdos)

A mis amigos italianos y españoles, especialmente

“… there is a material element in all human memories, since the world is apprehended through the five senses, and lived experiences are at first encoded and then recalled in specific parts of the brain. But in the social world, too, a range of sociologist have remarked that memory is often lodged in objects”[1]

Pues más o menos eso, pero con menos pedantería académica, es lo que decía Karina en su famosa canción.

Llevo varios días haciendo (des)orden en casa y eso me ha servido para encontrar todo tipo de “artefactos”, como dirían los fanáticos de la memoria histórica y la memoria colectiva. Sin caer en la nostalgia, hay que reconocer la absoluta superioridad del diseño industrial de los años 60 y 70, y de la estética pop. Véase si no este transistor de radio diseñado en Gran Bretaña y fabricado en la entonces colonial Hong Kong:Radio Aitron, años 70. Foto mrsamper

Una maravilla procedente de Ceuta o de Canarias, el paraíso de la electrónica por aquel entonces (y del chocolate Cadbury, los Maltesers, los After Eight y las barritas Mars o Bounty, que tardarían años en llegar a la Península). Si la radio Aitron no está en el MOMA de Nueva York, debería estarlo.Radio Aitron de pie. Foto mrsamper

Pero lo que ocupa más mi atención estos días es Pepito, el comediscos o mangiadischi, obra maestra del diseño italiano y por supuesto fabricado también en Italia. Mangiadischi o comediscos Pepito. Foto mrsamperEsto es importante y parece casi imposible, pero estábamos en la era previa al made in China, y hasta las pilas estaban hechas en España, como las famosas Cegasa, que valían 8 pesetas a mediados de los años 70 (calculo: trabajo me costó sacarlas con unas tenazas):Pilas Cegasa. Foto mrsamper

También estaban las Varta y todavía no llegaban (más que a través de Canarias) las Duracell. Pero Cegasa eran las pilas de petaca de los trabajos de Pretecnología, las pilas de la linterna para ir al campamento de verano, para llevar en el coche o simplemente para tener en casa por si había apagón. “Cegasa”, y los niños guiñaban los ojos al decirlo, como cegados por su poder “atómico”… Llena de entusiasmo, decido dar nueva vida a Pepito y me lanzo a sustituir las “Tximist” por unas banales y globalizadas Duracell (4,90 euros el par: en total 6 pilas). Segundo paso: para saber si funciona, necesito al menos un disco de los de 45 rpm. Así que busco en casa de mi madre y ¡ración doble de memoria histórica! De aproximadamente medio metro de discos elijo al azar unos cuantos.45 rpm, años '60. Foto mrsamper

Meto uno de los favoritos de mi infancia, “la Bamba” (versión de Trini López). El disco entra, pero… no gira. Armada de un destornillador, me atrevo a indagar en las entrañas de Pepito, que sonaba en posición horizontal, vertical, en movimiento, colgado en bandolera. Un breve vistazo en Internet me permite comprobar que el mundo (particularmente Italia) está lleno de frikis del comediscos /mangiadischi, así que en su beneficio y en el de toda la humanidad publico la siguiente documentación gráfica en exclusiva, con la esperanza de que no copie el mecanismo ningún chino y de que algún manitas dé señales de vida para reparar el invento. Adelanto que debe de ser el motor, porque todas las conexiones y los cables parecen intactos.Interior del tocadiscos portátil Pepito. Foto mrsamper

Los que me conocen saben que no soy fan de las últimas tecnologías. Quizá viendo la radio y el tocadiscos de los años 70 entiendan por qué. Pero hay algo más. Una teoría. Entre los discos me encuentro uno de título indescifrable, pero que más o menos viene a decir: 50 años del Partido Comunista Checo, 1923-1973. Cómo llegó a manos de mi padre, si en algún viaje o como intercambio, no lo sé. El caso es que es una producción de la Supraphon, que editaba excelentes discos de música clásica, y que en el reverso reconozco un nombre: Gottwald, 1948, Plaza de San Wenceslao. Después de leer las novelas de Kundera y sus recuerdos sobre Gottwald asomado a un balcón y proclamando el triunfo del comunismo, lo agarro rápidamente con la esperanza de escucharlo aunque no entienda nada. 1923-1973. 50 años del partido comunista checo, vol. 2. Foto mrsamperLa cara 1 trae discursos de 1948 y 1960. La cara 2 salta a 1971 y a Husák. La primavera de Praga, borrada de un plumazo. Los “artefactos” del baúl de los recuerdos como fuente de información histórica, toma ya.1923-1973. 50 años del partido comunosta checo, vol. 1. Foto mrsamper

Ahora viene mi teoría: obsérvese la funda monocroma (aunque elegantemente litográfica, todo hay que decirlo) del disco checo y compárese con las de la Bamba, Rita Pavone, Pepino di Capri, los Pekenikes, Johnny Hallyday o el Festival de San Remo… El Telón de Acero cayó por el color. Fuentes confidenciales me informan de que en la antigua Unión Soviética, llamaba la atención el colorido de los productos occidentales que se exhibían en las ferias internacionales. En el tren Sapsan, de San Petersburgo a Moscú, vi una película de aspecto terriblemente vintage, Moscú no cree en las lágrimas (Москва Слезам Не Верит), que en realidad es de 1979, más moderna de lo que yo creía. Desde luego, comparada con las películas de Doris Day, tratándose de una comedia sentimental el colorido desvaído habla por si solo. Y eso que el film pinta en tonos rosados y edulcolorados la realidad de la vida soviética. Lo dicho: el Telón de Acero fue barrido por el color y el Muro de Berlín murió víctima de su infinita gama de grises. Ya lo decía Rita Pavone:

la storia del passato
ormai ce l’ha insegnato
che un popolo affamato
fa la rivoluzion[2]

… y un pueblo hambriento de colores, también.

[1] Joan Tumblety (ed.): Memory and History. Understanding Memory as Source and Subject. Routledge, 2015, p. 24.

[2] Que conste que la música de esta canción es de Nino Rota, el compositor favorito de Fellini.

 

 

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3 pensamientos en “Writing about Memory (o buscando en el baúl de los recuerdos)

  1. Fontanka, si quieres seguir la estela grisácea, no dejes de visitar la exposición del fotógrafo checo Josef Koudelka. Inmortalizó los años años que describes además de La primavera de Praga.
    (Y compartiendo el bucle nostálgico, aún conservo algún disco de Mirinda, con los que te regalaban el famoso come-discos: ¡¡¡ un tesoro para indies …!!!)
    Un abrazo

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