Evangelio de la abeja

Ilustración de Boris Konstriktor para El Evangelio de la abeja, de Elena Shvarts

Evangelio volador. De la abeja

Elena Shvarts

Soy una abeja salvaje de la triste Judea
Aplacaré mi sed
Con clavel medio marchito.
Lo busco por doquier en los campos.

Una vez siento el olor
Como de rosaleda tras la tormenta
Allá vuelo como una flecha, zumbando, y veo, ajá
Un hombre solo a la sombra de la parra

Masticando pan reseco.
Empiezo a volar alrededor
Buscando dónde hundirme,
y él me dice: “No me toques, morirás.

El apóstol de las abejas eres tú,
Me estás oyendo bien,
Percibo la rosa sobrenatural
Como si estuviera cerca realmente.
Para llegar a ella hay que atravesar la noche densa”.

Desde entonces donde va Él
También voy yo
Por la grave Galilea
Nadaba en la onda de la beatitud,
Tras de ella

Medio ciega, yo bebía
Sólo jugos de hierbas secas.
Después Lo perdí,
No sé cómo.

Regala el olvido
La amapola del desierto
Y he aquí que lo encuentro, en Jerusalén,
Donde yo, abeja de Dios

Entro volando en el jardincillo adormilado.
De golpe
Late en el corazón el aroma,
Me conduce el amor.
Y veo: gente mala, la cruz,

Y la sangre fragante que mana.
Áspera, me aferro a Él y ardo toda.
“Pícame, abeja, en el corazón
Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso”.

(Traducción de Milagrosa Romero Samper)

Comentario, por Michael Yevzlin

Las abejas acompañan a dioses y poetas. Esto es comprensible: después de todo el arte poética proviene de los dioses. Se cuenta de Píndaro que cuando “cazó en Helikon y se durmió por el gran cansancio”, los dioses le comunicaron su voluntad en sueños, y por eso volaron dentro del poeta que dormía.
Si evocamos las antiguas leyendas sobre las abejas, la poesía de Elena Shvarts adquiere una profundidad no alcanzada por ningún poeta que haya escrito sobre el tema. En el poema de Elena Shvarts la abeja salvaje, que porta en sí la sustancia de la muerte, el aguijón, se detiene ante el hombre que la libera del veneno ctonio que destruye todo lo existente. La miel de la muerte que producían las abejas se convierte en la fragante sangre de Dios, que transforma el aguijón en corazón: el corazón es atravesado por el aroma y entra en el corazón de Dios, para siempre.

comentario, por fontanka M.R.S.

Es primavera y las flores empiezan a brotar. En el clima cálido de Galilea, lo hacen antes, y su aroma se confunde con el olor pesado, reseco del estío. En este poema franciscano, sólo la naturaleza, un Hombre, y como en las pinturas flamencas, un minúsculo insecto, entre los que se establece un diálogo íntimo y una relación de amor (no hay verdadera intimidad ni diálogo sin amor, y viceversa), sobre las cosas más esenciales: la vida, la muerte. La abeja salvaje se convierte en apóstol cuando pasa de buscar el clavel marchito a percibir el aroma de las rosas bajo una parra polvorienta, en un jardín dormido, la fragancia de la sangre en una cruz rodeada de hombres malos. La rosa sobrenatural de la vida eterna sólo se alcanza tras la noche oscura. El amor traspasa como un aguijón a la abeja y al Crucificado y aquella tarde, en el calvario, la sangre se hace miel y la abeja roba el papel al buen ladrón y sube zumbando alegremente al paraíso.

Cristo de la Sangre, s. XIV, San Isidoro, Sevilla

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Héroe desconocido

A Prometeo LXV

La lanza de Aquiles. Dibujo de Serge Segay

Volviste, cansado y herido,
de la guerra de Troya.
Alguna fuerza extraña te escupió
a una playa solitaria,
o a un risco pedregoso
siempre tocando el cielo
o queriendo más bien tocarlo.

Ninguna Circe te recibió
porque no eras suficientemente ilustre,
ningún poeta dijo al mundo
que aún estás vivo
y que conservas, oculta,
la lanza de Aquiles.

Milagrosa Romero Samper

Gogol en la Fontanka

Libro, estás vivo. Vienes del año 1922 y ahora, posado encima de la mesa, vuelves a respirar. Entra el aire del balcón y tus páginas aletean como una mariposa, y me hablan.

En una noche cálida de verano me hablan de una fría noche de Navidad, cuando el diablo roba la luna para vengarse de un herrero que ha pintado un icono un poco demasiado irreverente. Entre un cielo estrellado, cosacos aficionados al aguardiente, lindas muchachitas de trenzas negras y muchachos que cantan villancicos recogiendo chorizos y salchichones como aguinaldo, entre cabañas de madera separadas por extensiones de hielo crujiente, el diablo, el cosaco, la bruja, el herrero, el diácono van haciendo de las suyas, moviéndose con toda naturalidad entre el plano de la fantasía y el de la realidad.

Habla Gogol.

Mientras tanto, él se acercó con mucho sigilo a la Luna; y ya alargaba la mano para cogerla, cuando tuvo que retirarla rápidamente como si se hubiese quemado. Chupóse los dedos, sacudió un pie y corrió a intentar cogerla por otro lado; pero otra vez hubo de quemarse. No cejó, sin embargo, a pesar de la mala suerte que tuvo en sus intentonas, y volviendo de nuevo, la cogió de repente con ambas manos, y haciendo mohínes y soplando la pasó de una a otra, del mismo modo que hacen los mujiks con la brasa que sacan del fuego para encender la pipa. Por fin, con un gesto rápido se la metió en una bolsa que llevaba, y con toda naturalidad empezó a andar.

(Nicolás Gogol, Nochebuena. Traducción de Tatiana Enco de Valero. Madrid, Espasa-Calpe, 1922. Precio: 50 céntimos)

Libro, te he salvado. Libro, tú me has salvado. Gracias.

Penélope

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Dante Gabriel Rossetti, Penélope

Me miras desde el fondo del telar
mientras tejes y destejes
esperando

tu mirada se pierde en el mar
y nadie sabe
porque todos creen saber
cuando no es cierto.

Sí, la esposa abnegada,
el esposo ausente
-y no muy santo,
aunque eso no se diga,
al menos en presencia de mujeres-
el hijo que crece,
los pretendientes,
la parentela,

todos los cotillas del mundo reunidos
todo el pequeño coro pueblerino,
el coro trágico,
cantando tus virtudes
con su máscara de parásitos
hipócritas, porque nada saben en verdad
ni comprenden

como lo hago yo
cuando me miras
cuando te miro:

yo, el otro lado de la tela.

TOUSSAINT / TODOS LOS SANTOS

TOUSSAINT /TODOS LOS SANTOS

por Pierre Garnier

Versión española de Milagrosa Romero Samper

(de Amiens a San Quintín, 1-2 de noviembre de 1965)

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El juicio final. Catedral de Amiens. Foto Fontanka

1) Siguiendo el sendero de los minutos
la ruta de las horas
se espera la eternidad
los Santos aparecen

2) Ah, el tiempo –quisiéramos estar seguros
de que existe como el espacio
y que en él se alinean los seres

3) La memoria está vacía hoy
para acoger a esos muertos reunidos tras las colinas

4) Señor, ¡qué deseables son esos muertos!

5) Quisiéramos estar seguros
de que todos los santos están presentes
junto a la mariposa muerta junto a la ventana.
Que el tiempo existe como el espacio.
Que todos los seres se alinean en él.

6) Quisiéramos estar seguros.

7) Puede que haya simplemente que sonreír.

8) Porque participamos todos en la misma muerte.

9) Eso quiere decir: estar detenido
detrás de esta tierra abovedada,
suspendida entre sombra y luz.

10) El cementerio es un paisaje de bajas montañas
conocido por el torbellino lento de sus árboles.

11) Tras los cristales velados apenas
los muertos pesan como se pesa en el agua.

12) En una tierra más cercada
donde los animales avanzan
abriendo venas tan anchas como sus cuerpos
los muertos esperan el fin del universo.

13) Manchas indelebles sobre las arcillas.

14) Un solo ser muerto.

15) Los postigos están hoy medio abiertos
para las flores que traiga cada uno.

16) Ellos esperan bajo los soportales del universo
y las campanas suenan a golpes de crujidos interiores.

17) ¿Somos entonces tan reales?

18) Para quienes de golpe ya no tendrán veinte años
sino la eternidad arden unas flores
y el Somme
se aleja por la cruz de las colinas.

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El calvario. Los tres mástiles. Dibujo original de Pierre Garnier

19) Colinas cegadoras
y en el cielo el Cristo-Pájaro, de espaldas hendidas.

20) Qué bella es la tierra traspasada
por los olores.
Y ese alto mástil sobre el cementerio
con su vela breve.

21) Tierra espiritual.

22) Las tumbas son tan profundas:
los caminos bajan en el tiempo
y sus genealogías se cruzan y se pierden-
se oyen gritos en todos los rellanos.

23) La luna, hermana de los muertos,
ha salido.
Ella apenas grita.
Tiene las manos cruzadas.

24) Allá vela la mujer
siempre iluminada a medias.

25) Las viudas parecen pájaros
delante de esta tierra helada bajo las flores
como un puente que va a saltar.

26) No hay más tiempo que en la religión.

27) Los heridos siguen sangrando
en la jubilación
los homicidas siguen golpeando
en la jubilación.

28) La muerte no es más que la vida profunda.

29) La poesía es interior:
tiene el poder de hablar a los muertos.

30) ¿Hacia dónde vamos?
¿hacia la tierra? ¿hacia el cielo? ¿hacia Dios?
¿hacia el sol?

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Escargot. Dibujo original de Pierre Garnier

 

A propósito de “Toussaint”, por Jean-Louis Rambour
“De Amiens a San Quintín”: he cogido a menudo esa carretera. Con el cementerio inglés de Longueau, justo a la salida a mano derecha. Antes de entrar hacia Villers-Bretonneaux, a la izquierda, el cementerio australiano y neozelandés. La necrópolis alemana de Vermandovillers, junto a la N. 29. El cementerio francés en el cruce de la 29 y la 17. En suma, tantos mojones para jalonar el itinerario, tantas lamparillas para “aquellos que de golpe ya no tendrán veinte años sino la eternidad”.
De Amiens a San Quintín, se trata de atravesar una “tierra abovedada”, “una tierra más cerrada”, una “tierra traspasada por los olores”, una “tierra espiritual”: es la Santerre que se despliega, Sana terra en latín, es decir, la tierra sana, grasa, prometedora. Y el trayecto que hace el poeta, un día de los Santos de 1965, se parece al camino de la cruz.
En este poema, la emoción brota en el rostro. Es el gran canto de los muertos, es la belleza punzante de los stabat mater italianos: “Allá vela la mujer / siempre iluminada a medias”. En este lugar del libro y del paisaje, hay que guardar silencio y escuchar la vida de los muertos.

(Poema y comentario extraídos de Pierre Garnier, Picardie, Inval-Boiron, Editions la Vague verte, 2007)